«París en el siglo XX», así se llama la novela de Julio Verne que permaneció perdida durante más 130 años. En ella, el escritor francés imaginaba un telégrafo mundial que operaba como una gran red de telecomunicaciones. Su idea anticipaba lo que hoy es la Internet. 155 años más tarde, y desde esa misma ciudad, una empresa francesa desarrolla la tecnología que llevará a la red global, un paso más adelante: la LiFi.

 

La conexión Lifi, por «light fidelity» (o «fidelidad a la luz») es una nueva tecnología de comunicaciones ópticas que transmite datos a frecuencias de entre 400 y 800 THz en espacio abierto. Para hacerlo requiere un codificador – que va por detrás de la luminaria- que cambia la intensidad de la luz de manera muy rápida – hasta 10 mil millones de veces por segundo – .

 

Estos «parpadeos» – imperceptibles, como puede comprobar con mis propios ojos – transforman la información en forma binaria (0 y 1) y la envía por la onda de luz.

 

Como los teléfonos y computadoras de hoy no están equipados con tecnología que les permita descifrar estos códigos, es necesario utilizar una pequeña caja portátil que se enchufa al Smartphone o a la entrada de USB de la máquina y que es la que capta esa variación en la intensidad de la luz para «leer» la información codificada.